Ángel Hernández: “El voluntariado no tiene edad. Mientras pueda aquí estaré”

El 5 de diciembre es el Día Internacional del Voluntariado. A punto de cumplir 84 años, Ángel Hernández Mostajo es el voluntario más longevo de Aspanoa. Lleva colaborando con la Asociación más de dos décadas y mantiene intacto su genial sentido del humor.

 

Es, además, una biblioteca andante. Tiene dos carreras: Ingeniería Técnica Industrial (profesión a la que dedicó su vida profesional hasta que se jubiló a los 60 años) y Derecho, una licenciatura que se sacó mientras trabajaba. De hecho, ha participado en tres ocasiones en el concurso ‘Saber y ganar’ que presenta Jordi Hurtado en La 2. En la primera de ellas, en el año 1998, logró estar 11 programas seguidos.

 

Ángel Hernández Mostajo lleva más de 20 años colaborando con Aspanoa.


¿Cómo conociste Aspanoa?

La conocí por Antonio Rodés, que fue gerente aquí entre 2002 y 2016. Éramos amigos, compañeros de trabajo y su hijo pequeño, Jorge, tuvo un tumor. Entonces a través de él aterricé aquí como voluntario hace más de 20 años y he ayudado en labores muy variadas. La cuestión del cáncer para mí es muy próxima no solo por esto, sino también porque mi mujer falleció con 48 años por esta enfermedad.


Muy poca gente sabe que eres el Melchor de Aspanoa.

Por descontado, para mí ese es el día cumbre de mi voluntariado en Aspanoa. Significa poder dar una alegría enorme a los niños y yo diría que sobre todo a los padres, que están muy agradecidos y emocionados. Pero mi voluntariado ha estado siempre más centrado en la sede, en el apoyo administrativo, por decirlo de alguna forma. He hecho de todo: contar monedas de huchas, ensobrar las cartas para los socios, he sido taquillero en La Romareda y también estoy involucrado en la organización de la Exposición de arte contemporáneo.


¿Animarías a hacerse voluntario de Aspanoa?

Sin ninguna duda. Es una gran satisfacción porque sabes que estás ayudando en algo muy importante. El papel de Aspanoa es esencial. Piensa en una familia de Teruel que de buenas a primeras le dicen que tiene que venirse a Zaragoza para que su hijo reciba tratamiento y que nada más llegar se encuentra aquí con una trabajadora social que les va a explicar sus derechos, les va a ayudar con el papeleo, les va a dar las llaves del piso de acogida para que no tengan que alquilarse un hotel… Eso es algo muy grande. Y me gustaría destacar que el voluntariado no tiene edad. Sirve todo el mundo. Si no es para una cosa, para otra. Yo desde luego mientras pueda aquí estaré.