
Mª ROSA ARRÓSPIDE.
Zaragoza | "¿Qué es la vida?
Una ilusión; una sombra, una ficción. Y el mayor bien es pequeño. ¡Que toda
la vida
es sueño y los sueños, sueños son!" Con los últimos versos de Segismundo se
podría resumir lo que ayer por la mañana se vivió en La Romareda alrededor del
fútbol que ofrecieron los veteranos del Real Zaragoza y del Sevilla. Un estadio
unido por una causa: hacer un sueño realidad y que la lucha contra el cáncer
infantil siga día tras día.
Con tan solo dos euros, el coste de las entradas, las cerca de 21.000 personas
que asistieron a disfrutar con el partido benéfico organizado por Aspanoa van
a hacer posible la mejora de la calidad de vida de los niños que sufren la enfermedad.
Además, el 4 a 1 del marcador, a favor de los veteranos del Real Zaragoza, hizo
perfecta la jornada.

Objetivo cumplido
Durante
las dos horas que duró la actividad, el espacio del estadio de la capital aragonesa
se llenó de ilusión. Unos cumplieron su sueño de regresar a jugar en La Romareda.
"Es muy especial este día porque podemos ayudar a las familias con lo que nos
gusta. Pero es doblemente especial para mí ya que es la primera vez que juego
desde que me retiré", comentó el portero Láinez, que fue acompañado por su hijo
pequeño.
Otros se emocionaron al ver jugar a las viejas leyendas del Real Zaragoza. "Venimos
todos los años para ver a los veteranos, sobre todo a Aguado", confesaron los
mellizos Pablo y Javier Serrano, de 12 años, que estaban en las gradas de La
Romareda disfrutando del partido.
Aunque todos los asistentes no olvidaban cuál era la causa esencial: apoyar
a Aspanoa que lleva con la labor desde 1988. El objetivo se cumplió. "La solidaridad
de los aragoneses siempre nos acompaña, y en esta ocasión supera a las anteriores
con las 21.000 entradas vendidas", explicó Miguel Casaus, presidente de Aspanoa.
"El resultado ha sido extraordinario para nuestras familias y estamos muy satisfechos
y contentos con la respuesta de la gente", continuó el presidente de la asociación
que cada año atiende a 35 nuevos casos.
Con este ya son trece los años que el sueño de Aspanoa se hace realidad y consigue
el apoyo que necesita para seguir con su lucha por la vida de sus niños. Este
dinero servirá para invertir en el apoyo psicológico que la asociación ofrece
en su sede. Así como para organizar actividades, excursiones y fines de semanas
en el campo para que los padres y los pequeños puedan desconectar del problema.