Noticias

Bichitos contra tumores: la revolución de la nanomedicina

La nanomedicina revolucionará el tratamiento contra el cáncer y otras enfermedades en unas décadas

Facebook  Twitter  

Por su interés, reproducimos a continuación un reportaje publicado en la última revista de Aspanoa

La nanociencia ha dejado de ser algo propio de la ciencia ficción para convertirse en una realidad. El inventario de referencia elaborado hace solo unos años identificó más de 1.600 productos basados en la nanotecnología, una cifra que ya se ha superado con creces gracias a los continuos avances científicos logrados en los últimos años. De hecho, el uso de algunos de estos artículos comerciales es de lo más cotidiano: raquetas de tenis que contienen nanotubos de carbono (que hacen que sean mucho más ligeras, resistentes y flexibles que las de antaño), protectores solares con nanopartículas de óxido de titanio (excelentes bloqueadores de la radiación solar), etcétera.

Las aplicaciones de la nanociencia son amplísimas. Pero una de las más relevantes es la sanitaria porque, si todo va según lo previsto, revolucionará en cuestión de unas décadas los actuales tratamientos contra determinadas enfermedades, especialmente el cáncer. En efecto, la nanomedicina será como llevar a la realidad la famosa serie 'Érase una vez en el cuerpo humano', una producción animada en la que los glóbulos blancos eran personas que viajaban en naves por la sangre para eliminar células malignas. No se trata -no obstante- de que ahora los médicos vayan a ser capaces de encogerse de tal forma que puedan introducirse en el cuerpo humano para erradicar un tumor; sino de que los científicos desarrollen nanopartículas precisamente diseñadas para desplazarse por el torrente sanguíneo hasta el mal a combatir.

Uno de los centros de referencia en nanomedicina es el Instituto de Nanociencia de Aragón (INA), dependiente de la Universidad de Zaragoza. En él, el grupo de investigación 'Películas y Partículas Nanoestructuradas', dirigido por el científico Jesús Santamaría, trabaja para desarrollar y perfeccionar estos diminutos materiales -que son imperceptibles para el ojo humano porque son 100.000 veces más pequeños que un milímetro- para que así, en un futuro, puedan tratar el cáncer de forma más eficaz.

Hipertermia y liberación de fármacos

Básicamente, los científicos están trabajando en dos formas de hacer que las nanopartículas combatan un tumor tras inyectarlas en el cuerpo. La primera consiste en un proceso denominado 'hipertermia', es decir, las partículas se dirigirían hasta la zona afectada y, una vez allí, los médicos producirían su calentamiento remoto, mediante radiación de una determinada longitud de onda desde fuera del cuerpo. Las partículas se han diseñado para responder a esa longitud de onda, por lo que se calentarían selectivamente, destruyendo las células malignas que tengan a su alrededor. Según explica Santamaría, “este método sería especialmente útil si el tumor estuviera en un órgano vital o de difícil acceso y fuera imposible extirparlo”.

La segunda manera sería con una liberación controlada de fármacos. En otras palabras, las nanopartículas llevarían en su interior el medicamento y, una vez hayan llegado al tumor, soltarían la carga farmacéutica allí. Santamaría indica que la clave de este tratamiento reside en su efectividad y selectividad. “Hoy en día, cuando tenemos un dolor de cabeza nos tomamos un ibuprofeno. Pero solo una parte de él llega al punto requerido para la acción analgésica; el resto, se pierde”, señala. Esto con un fármaco sin efectos secundarios tiene relativamente poca importancia; pero no ocurre lo mismo con muchos medicamentos, especialmente con los quimioterápicos que, por falta de selectividad, también destruyen muchas células sanas. Sin embargo, las nanopartículas pueden diseñarse para liberar la dosis deseada del fármaco quimioterápico solo cuando hayan llegado al tumor. El resultado es que, al mismo tiempo que se limitarían los efectos secundarios, se ganaría efectividad en el tratamiento porque el fármaco solo se liberaría en el área afectada y las dosis podrían reducirse.

Uno de los mayores quebraderos de cabeza de los nanotecnólogos está siendo cómo poder llevar las nanopartículas hasta el lugar deseado. En las nanopartículas antitumorales existen dos estrategias. Por un lado, está el modelo pasivo (EPR), que consiste en diseñar las nanopartículas de tal forma que tengan el tamaño exacto para que se vayan concentrando en el tejido tumoral por sí solas, colándose por los poros que existen en los capilares de los tumores. Y, por otro lado, está la estrategia activa, que implica utilizar un agente -a menudo anticuerpos de reconocimiento- que las dirija hacia la patología. Precisamente, este grupo de investigación está colaborando con la investigadora María Pilar Martín Duque en una estrategia conocida como 'caballo de troya'. Lo que intentan es utilizar células madre para que las nanopartículas sean dirigidas hacia la inflamación.

Además de todas las posibilidades que se abren a medio plazo en la batalla contra el cáncer, la nanomedicina podrá en un futuro combatir otras muchas enfermedades. De hecho, Manuel Arruebo, investigador de este grupo del INA que tiene en su haber el diseño de una amplia variedad de partículas con sistema de liberación de fármacos, indica que podrían utilizarse para combatir patologías como enfermedades genéticas, neurodegenerativas o trastornos metabólicos. Y añaden que también serán capaces de mejorar las técnicas diagnósticas actuales, no solo las de imagen (RMI, TAC, PET), sino que además podrán colaborar en la detección de enfermedades de forma precoz gracias al desarrollo de biosensores más sensibles que los actuales.

FOTO: Jesús Santamaría, subdirector del Instituto de Nanociencia de Aragón (INA). Tomada por el fotógrafo Tino Gil.

Infográfico elaborado por Lafarga Estudio.

bichitos
nanomedicina
Comparte en Redes Sociales  Facebook  Twitter